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La historia y los tipos de botellas para el envasado de vino

Envasar y transportar el vino siempre ha sido un problema de grueso calibre. Aunque en estos tiempos lo consideremos resuelto al cien por cien, hace sólo un siglo era algo que atribulaba a los profesionales de entonces.

Hoy en día se fabrican unos doce mil millones de botellas de vidrio destinadas al envase de vino al año ¡treinta y tres millones de botellas diarias! la mayor parte de ellas bordelesas y una inmensa mayoría de tres cuartos de litro. Pero también millones de borgoñonas, de champán, alsacianas, hocks, pequeños clavelines y también medios litros para asegurase de poder conducir después de haber consumido el vino de la comida o la cena.

Todo un mundo de nombres, formas, cabidas, colores, contenidos y pequeñas anécdotas al que merece la pena pasar revista para divertimento de unos y saber de vinos de otros.

                                                                  conjunto de diferentes botellas en envases variados

Historia de las botellas de vino

El transporte y la conservación del vino no siempre, por supuesto, se hizo en recipientes de cristal, ni siquiera de madera. Los primeros recipientes de los que se tiene noticias eran los envases hechos con cuero de animales y las famosas ánforas.

Ya entonces había poco acuerdo en la forma y la capacidad de los envases de barro cocido. Los griegos utilizaron ánforas de unos cuarenta litros de capacidad mientras que las romanas eran de veinticinco.

Las primeras muestras de vidrio para la fabricación de objetos aparecen en Mesopotamia, unos cuatro mil años AC. aunque se trataba fundamentalmente de pequeños objetos decorativos y funerarios más que de recipientes para el envase de productos.

Plinio el Viejo narra, en su Historia Natural, el episodio de la fabricación accidental del vidrio, probablemente recogido de la tradición de la época. Según el Viejo unos mercaderes de natrón utilizaron piedras de este material para sujetar sobre la lumbre los recipientes donde cocinaban y observaron la reacción entre el mineral y la arena del desierto formando vidrio como resultado del calor de la hoguera. Todo lo cual, sin duda, es novelado puesto que se necesitan unos 1.500 ºC para que el vidrio pueda formarse y la temperatura de una buena fogata no sobrepasa los 600 o 700 ºC.

También se encuentran numerosas referencias a la admiración que producían los sarcófagos, amuletos y adornos de cristal utilizados por las antiguas civilizaciones egipcias, etiópicas, persas y en algunas zonas del Egeo.

Los primeros testimonios del vino en recipientes de cristal provienen de Roma en el siglo III AC., aunque en aquellos momentos el vidrio era un material demasiado delicado y costoso como para dedicarlo a la guarda del vino y se usaba en exclusiva para servirlo o beberlo.

En el siglo XV de nuestra era, los artesanos italianos eran los líderes en la fabricación de envases de cristal. Se comenzaron a usar las botellas de vidrio para envasar y consumir vino, pero dada su fragilidad se utilizaba como sistema de protección una cubierta de paja de cereales para atenuar los golpes en el cuerpo de la botella, costumbre que aun se puede observar en algunos vinos italianos como el chianti.

En aquella época y hasta el siglo XVII, debido a la tecnología disponible, se fabricaron botellas para el vino de proporciones muy diferentes a las actuales; mucho más anchas que largas, para hacerlas más robustas.

Durante el siglo XVII se comenzaron a producir las primeras botellas de vino fabricadas en cristal grueso, normalmente negro, de formas muy variadas. En el XVIII se produjeron las primeras botellas cilíndricas similares a las actuales aunque siempre con el problema de la fabricación casi unitaria de cada una de ellas y por tanto de las diferencias de formas, colores, capacidades y sobre todo con resistencias a la rotura muy diferentes de unas a otras.

En ese momento se salva un problema importante de la época que era la posibilidad de una estiba sencilla de las botellas y, sobre todo, el almacenamiento de los recipientes en posición horizontal, de forma que el corcho quedara continuamente humedecido por el vino, problema éste baladí en nuestros años pero de cierta enjundia en aquellos.

En la enciclopedia de Diderot (1778) ya puede leerse de la botella que es: casi el único recipiente usado para el envasado del vino.

Pero sólo a finales del siglo XIX, probablemente en Cognac, se comienzan a utilizar las primeras máquinas para la fabricación en serie de envases de vidrio. Con ello la forma, el contenido y la consistencia de las botellas se hace constante y, más importante, se puede, por primera vez, estandarizar el embalaje y se inicia el transporte a gran escala de los vinos.

Las botellas de vino, un mundo de formas y colores

Indudablemente la forma de las botellas, en su origen, fue absolutamente particular de cada región vinícola aunque hoy sólo subsisten las de las regiones que han sido mundialmente reconocidas por la calidad de sus vinos. En esto, como en todo, la historia la escriben los vencedores.

En general, todos los envases para cualquier tipo de producto responden a una funcionalidad. No nos imaginamos tarros de mermelada con la boca estrecha, aunque quizá sí echemos de menos los de ketchup con la boca un poco más ancha.

En los vinos pasa exactamente igual. Quizá las espaldas cuadradas en las botellas destinadas a contener vinos que tienen tendencia a formar depósitos ayuden a mantener estos dentro cuando se sirven las últimas gotas y ello no sea necesario en un blanco de poco extracto. Seguro que los colores oscuros de las botellas ayudan a conservar mejor un vino que va a permanecer mucho tiempo en la botella y no sean necesarios en otro que sólo se va a consumir joven o después de un periodo corto de maduración y redondeo, y segurísimo que las fuertes presiones de los vinos gasificados necesitan de una configuración de envase especial par evitar la rotura.

Muy cierto no lo sabemos, pero es probable que hace algunos cientos de años los elaboradores le dieran unas cuantas vueltas a la cabeza al respecto de estos temas y los resolvieran con soluciones que hoy son obvias para nosotros y en muchos casos anacrónicas, ya hay pocos vinos que produzcan cantidades de depósitos apreciables como para necesitar de la ayuda de la forma de la botella.

En la actualidad se usan cuatro formas fundamentales de botella en el envasado de vinos: la bordelesa, la borgoñona, la champenoise y la oporto / jerezana.

La botella tipo burdeos o bordelesa, también se conoce como estilo clarete o frontignan, es la que tiene un uso más extendido en todo el mundo. Originalmente era una botella con el cuerpo en forma de tronco de cono invertido, similar a la usada actualmente para los tintos de alta expresión, pero en la actualidad es absolutamente cilíndrica y con los hombros cuadrados. Normalmente se utiliza de color verde oscuro o negro para los tintos, verde claro para los blancos secos y transparente para los dulces.

La botella borgoñona, borgoña, bourguignonne o burgundy es una botella robusta con un diámetro de cuerpo ligeramente superior a la bordelesa y los hombros inclinados. Se puede encontrar de cristal tintado en cualquier color aunque el tradicional es un verdoso que se denomina hoja muerta –feuille morte. Es más antigua que la bordelesa y más fácil de fabricar por sopladores de vidrio artesanos.

Sobre la base de la botella de borgoña se utilizan otras tres. La rhône típica de la región francesa del mismo nombre –Ródano en castellano- muy similar a la anterior pero algo más delgada y con los hombros más cuadrados y además suele llevar grabado un escudo de armas en la parte baja del cuello. La alsaciana o mosela más delgada y alta que las anteriores, de hombros muy suaves y de cristal verde. Y la rhin, que también se conoce como hock o hoch muy parecida a la alsaciana pero de color marrón. A todas ellas se las conoce con el nombre genérico de flautas.

La botella champenoise –la usada para el champán, el cava y otros muchos espumosos- hizo de la necesidad virtud. Vidrio grueso y pesado y un perfil similar a la borgoñona; con el cuello algo más largo, y, sobre todo, un pronunciado relieve hacia el interior en el culo del envase que sirve para robustecer una botella que debe soportar presiones dos veces y media superiores a las del neumático de un coche. Existe en muchos colores aunque el más usual el verde botella corriente que en Francia se denomina verde champagne.

El último gran formato de botella es el utilizado para embotellar jerez, oportos o madeiras; se trata de una botella muy similar a la bordelesa con hombros cuadrados aunque el cuello es, por lo general, algo más largo y el cuerpo de más diámetro. En las elaboraciones que van a permanecer muchos años en botella se utilizan corchos más largos que los habituales y las botellas tienen un cierto abultamiento en el cuello para facilitar la recogida de los sedimentos del vino. El color de vidrio más típico, casi exclusivo, es el negro o el verde/marrón muy oscuro.

Por supuesto, la tipología anterior es sólo la más estándar. Podemos encontrar un sinfín de otras botellas diferentes muy usadas en ámbitos geográficos concretos, sobre todo en Francia donde todavía se mantiene una fuerte identificación regional en el envasado de los vinos, como las: beaujolaises, corsas, jura, muscadet, normandas, holandesas, clavelines, verónicas, flautas encorsetadas –flûtes à corset- o con corsé, provenzales, anjou.... etc.                 

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1- Bordelesa o Burdeos

2- Alta Expresión

3-Borgoñona o Borgoña

4-Ródano o  rhône ( Francia)

5-Alsaciana o Mosela

6-champenoise o Verde champagne ( Francia)

7- Jerez , Oportos o Madeiras

8- Clavelín

 

                  9              10               11            12             13             14           15            

               

9- Veronique

10- Normanda

11- Provenzal

12- Jura

13- muscadet

14- Corse

15- Beaujolaise

 

Capacidades y nombres de las botellas

En el mundo globalizado y estandarizado en el que vivimos queda ya poco espacio para las diferencias y con los vinos ha ocurrido lo mismo. De la existencia de un tipo de envase y unas capacidades exclusivas en casi cada región vinícola, hemos pasado al reinado absoluto de la bordelesa de tres cuartos de litro que además.

Ello no quita para que sigan existiendo botellas de menor tamaño y, sobre todo, espectaculares botellas de gran formato buscadísimas por los coleccionistas por el potencial que tienen para facilitar maduraciones excelentes por encima de las que se producen en la 75 cl. tradicional.

En el mundo anglosajón la estandarización se produjo a finales de los años setenta del siglo XX, con la desaparición, en lo que al envasado de vino se refiere, del sistema imperial de mediciones.

En los EEUU las capacidades legales más usuales de las botellas de vino son 10 cl., 18,7 cl., 37,5 cl., 50 cl., 1 litro, 1,5 litros y 3 litros, además de la bottle de 75 cl. que coincide casi exactamente con el quinto de galón americano o 25,6 onzas; pero también se embotella en capacidades superiores, siempre en múltiplos de litro.

En el resto del mundo las dos capacidades y denominaciones más conocidas son la botella de tres cuartos de litro y el mágnum de litro y medio pero hay muchas otras cuyos nombres son más o menos conocidos y que además añaden la dificultad de usarse con la misma denominación y diferentes capacidades en función del área geográfica y del tipo de vino que se embotelle.botellas bordelesas de diferentes tamaños

Por debajo de los 75 cl. tenemos en primer lugar las botellitas de promoción y colección de vinos y licores que en Francia se conocen como mignonnettes que tienen capacidades variadas entre los 5 y los 20 cl.

Un poco mayor es la fillete de 31 cl. que se usa sobre todo en la región del Loira y París y la doble fillete –de 62 cl.- que se llama demoiselle –señorita.

A continuación podemos encontrar la media botella con capacidades que oscilan entre los 35 y los 37,5 cl. y formas muy variadas en función de la región y el vino que se embotelle.

Un poco mayor es la botella de 50 cl. –petit bouteille- que tiene una gran aceptación en el sector HORECA (2) francés y que se ha puesto e moda en los EEUU en respuesta a las fuertes limitaciones de la legislación de tráfico sobre el contenido de alcohol en sangre. Supuestamente esta capacidad asegura que el consumidor pueda conducir sin infringir la ley después de haber bebido el vino de una de estas botellas. Si el medio litro se usa para contener vino de beaujolais se denomina pot y la botella tiene una forma especial. Pot es la palabra francesa para designar un tarro o un recipiente de pequeño tamaño. Hacer un pot es ir a tomar algo a un bar o a una casa.

Otra botella tradicional es el clavelín con un contenido de 62 cl. que tiene una historia curiosa. Este formato se usa sólo en el embotellado de los vinos jaunes –amarillos- de la región de Jura en Francia y es el único autorizado para estos vinos. Parece ser que se trata de la adaptación de una botella denominada, en el siglo XIX, inglesa o clavelín inglés. La capacidad del clavelín es la correspondiente al volumen de vino restante después de criar durante seis años un litro de vino blanco, aproximadamente 62 cl., precisamente el tiempo de crianza de los jaunes de Jura.

Por encima de la botella y del mágnum existe un formato denominado marie-jeanne que contiene tres botellas, aunque también hay una marie-jeanne de 1,3 lt. en la región francesa de Loire; en algunos países se denomina así a la botella doble mágnum de 3 litros.

La damajuana, dame-jeane o demijohn es un envase no estándar que coincide con lo que en castellano llamaríamos también garrafa. Tiene capacidades variadas entre los dos y los cuarenta litros y formas también variadas pero más bien de talla baja y cuerpo bastante ancho. En estos envases se embotellan todo tipo de vinos y licores aunque la tendencia es al uso para elaboraciones de calidad media o baja.

Después empieza un galimatías de nombres, capacidades y regiones de procedencia. En general existe una terminología más o menos unificada para las elaboraciones de espumosos y de vinos borgoñones que varía cuando se trata de envases de tipo bordelés.

La jeroboam es la botella equivalente a seis botellas (4,5 lt.) de vino de burdeos y tres botellas (2,25 lt.) de champán o de vino de borgoña.

La rehoboam son seis botellas en las elaboraciones borgoñonas (4,5 lt.) y siete (5,25 lt.) en las bordelesas.

La imperial es la capacidad de ocho botellas (6 lt.) en vino de burdeos. Si se trata de vino de borgoña el envase de seis litros se denomina matusalén. Se dice, por encima del mágnum, que este envase es el que optimiza el contenido de aire y vino dentro de la botella y por tanto es el mejor para la conservación del vino durante décadas. En general es el formato que alcanza mayores precios en las subastas de grandes vinos.

La salmanazar es la botella de nueve litros de vino, doce botellas corrientes. Baltasar doce litros o dieciséis botellas y finalmente la melchor de dieciocho litros o veinticuatro botellas de 75 cl.

 

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