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La Sierra Cantabria protege los viñedos de Rioja Alta y Alavesa de los
vientos fríos del norte.
La Rioja, climáticamente, la definimos como "la punta de flecha de la luminosidad mediterránea en la bruma cantábrica". Es una zona de luminosidad muy septentrional dentro de nuestra península, pero a su vez tiene otra característica singular y es que a través de la zona vasca, que es la región cantábrica de montes menos altos, recibe los vientos del océano con mucha más facilidad que otras zonas del interior a las que se los interceptan los Picos de Europa o los Pirineos.
Y recibir un viñedo los vientos del océano Atlántico con facilidad supone un soplo de evidente calidad, puesto que también los recibe Jerez, Oporto, Burdeos, Rhin, etc. En este sentido el viñedo de Rioja es una feliz conjunción de clima atlántico y mediterráneo.
Dentro de la misma Rioja los escalones de clima son muy variados y la simple observación de los cultivos nos da idea de ello, puesto que desde Haro hasta Alfaro se escalonan los límites de cultivo de vid, almendro, olivo y melocotonero. Los datos concretos son:
| Localidad | Lluvia anual | Temperatura media |
Horas de sol |
|---|---|---|---|
|
Haro |
499 mm. |
12,7° C |
1.977 |
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Logroño |
390 mm. |
13,1° C |
2.150 |
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Alfaro |
284 mm. |
14,4° C |
2.385 |
La viticultura conjuga estos datos mediante el "índice bioclimático" que tiene en cuenta las temperaturas activas, las de más de 10°C, los días de iluminación y la lluvia, todo ello referido a los 190 días que van desde la brotación anual de la vid hasta la vendimia. Y de este modo, este "índice bioclimático" nos da para la Rioja Alta un valor próximo a cinco, un poco mayor, sin llegar a seis para la Rioja Alavesa y próximo a nueve para Rioja Baja. Hemos de pensar que valores entre cuatro y siete son los óptimos para vinos finos de mesa. A valores inferiores se originan chacolís y a superiores vinos no finos.
La forma más aparente de influir el clima en los vinos es en su grado alcohólico. Cuanto mayor sea el calor y la luminosidad, la uva contiene más azúcar y por lo tanto el vino será más alcohólico.

Pero un vino fino como lo es el Rioja, no se puede valorar por su contenido en alcohol, sino por su color, su paladar y aroma, lo cual en cierto modo es opuesto al contenido de alcohol. Así los vinos finos embotellados de Rioja suelen presentar valores de alcohol entre doce y trece y medio grados.
Lo que hemos hablado hasta aquí de clima se refiere a clima de posición, de la situación de las viñas. Sin embargo, existe un clima de variaciones anuales que hacen que en buenos viñedos unos años sea muy buena la cosecha de uva y otros que sea deficiente por cantidad o por calidad. De estas variaciones, las más importantes son la heladas, los vientos y las lluvias.
No nos referimos al hablar de las heladas, a los fríos de invierno, sino a las temperaturas inferiores a cuatro grados que afectan a las viñas en primavera o en otoño. Estos fríos cortan la vegetación de la vid y producen, por tanto, vendimias verdes y de baja calidad. Cuando en mayo o junio ocurren de forma insistente estos fríos de menos de cuatro grados, se puede vaticinar una cosecha de vino de baja calidad.
Un exceso de lluvias provoca riesgo de ataque de una peligrosa enfermedad de la vid, el mildew, y de mohos en los racimos. Los vinos entonces son pobres en calidad.
Es importante entender que el vino de Rioja es un producto de unas condiciones de clima muy precisas y por lo tanto, para el cosechero riojano es constante el riesgo de una cosecha deficiente. Y si bien todo el vino de Rioja es en todos los años de cierta calidad, sin embargo, tan sólo algunos años el clima permite una extraordinaria o excelente calidad apropiada para constituir vino "reserva" o, dicho de otro modo, vino de condiciones para un envejecimiento durante muchos años.
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